Determinar o tomar en cuenta los factores de riesgo que pueden ocasionar o predisponer a lesiones musculoesqueléticas es de gran relevancia ya que teniéndolos en cuenta se podrán prevenir las mismas, las cuales, de manera individual estén teniendo un efecto adverso en el rendimiento o ejecución de la actividad deportiva realizada, ya sea en tanto en atletas de alto rendimiento como en la población general que realiza actividad física en cualquier escala de entrenamiento.

Durante los últimos años donde el incremento en las actividades deportivas ha sido tan significativo se han visto tasas de, aproximadamente 20% a79% de lesiones, las cuales se han debido a factores como las altas cargas de entrenamiento, el tipo de calzado deportivo, la superficie donde se entrena, las dismetrías de miembros inferiores, entre otras.

Las lesiones musculares fueron las más frecuentes, que han supuesto alrededor del 61% de los casos, mientras que las lesiones tendinosas se sitúan con un 16%, el resto de las lesiones supusieron 22% de lo restante.

Hablando de las primeras, cuyo porcentaje fue el más elevado se encontró una correlación entre la lesión y los kilómetros semanales de entrenamiento, así como también con el uso de zapatillas deportivas ligeras y el ser fondista, en sentido positivo al porcentaje de incidencia. Respecto al tipo de superficie de entrenamiento, se observó una variación en cuanto al entrenamiento sobre el tartán, siendo este menos lesivo que el concreto.

En los que se refiere a las lesiones tendinosas, se observaron variaciones y correlaciones significativas entre dichas lesiones y la dismetría del ángulo Q derecho e izquierdo (Ángulo Q: el ángulo que hay entre la línea que une la espina iliaca y el centro de la rótula, con la línea que une el centro de la rótula y la tuberosidad tibial, con el sujeto en posición supina, y el cuádriceps relajado), mientras que otras variables fueron la edad y el peso.

Las consecuencias de entrenar, ponen en juego todos los factores que se han sugerido desde la literatura como desencadenantes de lesiones, tal es el caso de los problemas de linealidad del miembro inferior (Hintermann & Nigg, 1998; Taunton, et al., 2002), la falta de fuerza (Witvrouw, Lysens, Bellemans, Cambier & Vanderstraeten, 2000; Ryan, et al., 2006) y de flexibilidad (Makaruk & Makaruk, 2009). Si bien es cierto que solo las lesiones previas y el volumen son sugeridas como
causa de lesión, también lo es que el volumen engloba prácticamente a todos los riesgos sugeridos.

Por ejemplo, si unas zapatillas son un riesgo potencial, mayor será el riesgo cuanto mayor sea el número de apoyos que realice en el suelo al igual que puede suceder con la pronación, el ángulo Q, etc.

Dentro de las investigaciones elaboradas se han encontrado una variabilidad de lesiones, siendo que, por cada kilómetro de entrenamiento, se aumenta la probabilidad de padecer una lesión en un 1.3%, por lo que a la vista de los resultados, una carga de 77 km semanales o superior garantiza padecer algún tipo de lesión. De todos modos, volúmenes de 77 km semanales o superiores, son prácticamente exclusivos de atletas maratonianos, o de un atleta de alto rendimiento, que pueden llegar a realizar más de una sesión diaria de entrenamiento.

Es recomendable que incluso después de la reincorporación el atleta fortalezca la región lesionada, por lo general los atletas y muchos de los entrenadores entienden que recibir el alta médica ya se corresponde con un estado de normalidad de la zona afectada.

La realidad es que los nuevos tejidos cicatrizados, no tienen la misma funcionalidad que los antiguos y que, por lo tanto, hay que dotarlos de la condición física necesaria, conforme a las exigencias del entrenamiento y de la vida diaria del deportista, para prevenir futuras recaídas, o que otra región se vea afectada por realizar un trabajo extra compensatorio.

En este caso, nosotros en Vital Balance, como profesionales de la actividad física y el deporte tenemos la posibilidad de intervenir activamente en la recuperación de lesiones deportivas, conociendo las principales causas por las que se da la lesión, y con esto compartiendo la información correcta a los pacientes, los cuales de manera responsable elijan su reincorporación al entrenamiento con una prescripción adecuada del mismo ya habiendo conocido las características de su lesión y del tratamiento rehabilitador.

Principalmente, las lesiones musculares se han dado en los atletas de las especialidades de fondo, de hecho, correlacionan positivamente y significativamente en un 44.5%, aunque esta variable no ha sido introducida en los modelos, probablemente porque el número de corredores de fondo presentes en la muestra no es suficiente, para generalizar en un modelo. Estas lesiones se suelen producir cuando las cargas a las que se somete el atleta, superan la tolerancia del músculo, de modo que las cargas son excesivas en comparación a lo que está acostumbrado, o que el músculo se encuentra fatigado y no soporta las cargas habituales.

El músculo esquelético del aparato locomotor, responsable principal del movimiento durante la carrera se contrae y relaja de forma voluntaria. Las solicitaciones biomecánicas a las que se somete principalmente son la contracción y la extensión. Por ello consideramos que tener unos buenos niveles de flexibilidad puede ayudar a prevenir este tipo de lesiones. Los músculos son los principales motores del movimiento durante la carrera, pero también suelen ser los más afectados. Durante la carrera dependiendo la fase de la misma actúan una serie de músculos.

El volumen de entrenamiento, que correlaciona en sentido positivo con estas lesiones, es uno de los principales componentes del entrenamiento, de este modo una subida repentina del número de kilómetros, o un volumen elevado de los mismos continuamente y con poco descanso (elevada densidad), puede suponer que se supere la tolerancia o que aumente la fatiga muscular, incrementándose por lo tanto las posibilidades de padecer una lesión muscular. También se considera que las lesiones antiguas, y concretamente el nuevo tejido cicatricial, puede reducir la tolerancia del músculo a las cargas de entrenamiento, por ello es preciso, una vez recuperados de la lesión, fortalecer esa musculatura y dotarla de las capacidades funcionales del resto de los músculos.

La edad, también puede ser un factor a tener en cuenta a la hora de valorar la etiología de este tipo de lesiones, ya que el músculo va perdiendo parte de sus características morfológicas con el paso de los años, así como sus características funcionales, como es el caso de la reducción en los niveles de flexibilidad.

También es verdad que con la edad el atleta suele estar más adaptado a los esfuerzos del entrenamiento, por lo que los años que lleva practicando atletismo un sujeto, pueden actuar como factor preventivo.

Las lesiones tendinosas principalmente se han relacionado con problemas de falta de linealidad (sobrepronación, diferencia de longitud de miembros, etc.) y con bajos niveles de flexibilidad.

Se ha encontrado que la edad también se correlaciona positivamente con las lesiones tendinosas, de modo que el aumento de un año por parte del atleta aumenta un 2.8% la posibilidad de lesión tendinosa, las razones probablemente guarden relación con las expuestas anteriormente para las lesiones musculares, no debemos olvidarnos que a pesar de tratarlas por separado, el tendón forma parte de las inserciones del músculo con el hueso. Una de las razones expuestas, era que el músculo perdía parte de su elasticidad, de modo que a medida que aumenta la edad del atleta y se pierde esta capacidad, los impactos y la solicitación que recibe el tendón para que se produzca el movimiento, es mayor, aumentando el riesgo de lesión para el atleta. (Rodal Abal Francisco, Et, al, 2013).

En Vital Balance, los tratamientos individualizados y con la valoración inicial direccionada y específica para cada paciente nos caracteriza, ya que con la misma se puede realizar el proceso adecuado para la reincorporación de los pacientes a su actividad física, disminuyendo así las incidencias en las posibles reincididas de lesiones en tejidos previamente sensibilizados y sin las características morfológicas o bioquímicas requeridas para un buen desempeño deportivo, independientemente del nivel de entrenamiento del mismo.

Así pues, la medicina del deporte de la mano de la fisioterapia y de la quiropraxia, en conjunto con las tecnologías en aparatología con las que contamos, nos garantizan un porcentaje significativo de mejoría, sea cual sea la lesión o el proceso rehabilitador en el que nuestros pacientes se encuentren y de esta manera preservamos de manera funcional la salud musculoesquelética de los mismos.

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