El tendón de Aquiles es el tendón más grueso y más resistente del organismo. Se estima su resistencia en 7,000 N. Está constituido principalmente por colágena tipo I.1 Anatómicamente, el tendón de Aquiles se encuentra poco protegido dada la escasa cubierta cutánea y un pobre aporte vascular. El sitio más frecuente de localización de la ruptura es la zona comprendida entre los dos y seis centímetros por arriba de la inserción en el hueso calcáneo.7 Hay reportes acerca de que la ruptura completa del tendón de Aquiles está asociada a cambios histopatológicos previos que demuestran una degeneración, aun sin presentar sintomatología relacionada.

Es de interés comentar que, en pacientes con ruptura del tendón de Aquiles, histológicamente, los tenocitos encargados de hacer la reparación producen una colágena tipo III que posee una menor capacidad tensil, hecho que puede condicionar una nueva ruptura 2 si no se lleva acabo un programa adecuado de rehabilitación.

La sintomatología se presenta frecuentemente durante la práctica deportiva, con una sensación súbita de dolor y un intenso chasquido en la parte posterior del tobillo, asociado a una notoria pérdida de la fuerza para realizar la flexión plantar. Más tarde se presenta un edema local peritendinoso y un hematoma local y perimaleolar.

Las causas no se han determinado con claridad, aunque hoy se conocen factores de riesgo así como cambios en los tejidos blandos asociados a micro lesiones y sobreuso

Los factores que pueden aumentar el riesgo de rotura del tendón de Aquiles son:

  • La edad pico para la rotura del tendón de Aquiles es de 30 a 40 años.
  • Es cinco veces más probable que la rotura del tendón de Aquiles ocurra en hombres que en mujeres.
  • Restricción en la movilidad del tobillo pie. Disminución en la flexibilidad en los músculos de la pantorrilla, así como cambios histopatológicos por posturas prolongadas lesiones de sobre uso que generan tejido de cicatriz restringiendo el movimiento y aumento el stress en el tendón. 
  • Apoyo deficiente el arco plantar. Genera una alteración absorción de las fuerzas de reacción del piso. 
  • Errores en el entrenamiento. sobrecarga repetitiva en el deportista de competición o sobrecarga aguda en el que practica un deporte recreativo; especialmente en corredores, aumento de la frecuencia de entrenamiento, superficies de entrenamiento duras y resbaladizas
  • Inyecciones de esteroides. A veces los médicos inyectan esteroides en la articulación del tobillo para reducir el dolor y la inflamación. Si embargo, estos medicamentos pueden debilitar los tendones cercanos, y se los ha asociado a roturas del tendón de Aquiles.
  • El sobrepeso puede ejercer más presión en el tendón.
  • Cambios por la edad. disminución de la fuerza y la flexibilidad de los músculos, así como de la irrigación del tendón. 

A la fecha, la técnica principal es la reparación términoterminal, eventualmente apoyada con injertos y plastías tendinosas utilizando al tendón del músculo peroneo corto y plantar delgado;15 hay otras modalidades quirúrgicas que utilizan mallas e implantes sintéticos y técnicas de suturas percutáneas.

Prevención de la lesión.

1. Efectuar estiramientos y ejercicios que favorezcan la movilidad del tobillo pie serán fundamentales para prevenir este tipo de lesiones.
2. El uso de calzado adecuado a cada disciplina y terreno, así como la amortiguación.
3. Pulir y mejorar las técnicas deportivas, además de las pautas de entrenamiento.
4. Evitar el calzado muy plano para terrenos llanos y rígidos, especialmente urbanos.
5. Efectuar estudios de la marcha y el gesto deportivo por especialistas calificados.

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